Star Trek XI - Los futuros planetas de la federación
Andaba yo disfrutando alegremente con las desventuras de un joven James Tiberius Kirk perdido en un planeta helado, en esta reciente precuela de la longeva saga estelar, cuando mi cochambrosa mente se hizo una pregunta: ¿cuántos planetas han aparecido a lo largo y ancho de toda esta saga, tanto en cine como en televisión? Ya lo sé, seguro que hay hordas de trekkies conocedores del número exacto. Incluso alguno que otro será capaz de recitar uno a uno la lista completa con todo lujo de detalles (si no me creen, visiten http://starchive.cs.umanitoba.ca/?locations/planets-moons para una exhaustiva descripción de las localizaciones planetarias de la franquicia). Pero, lo curioso es que cuando sonó por primera vez la fanfarria de Alexander Courage en la televisión americana, allá por el año 1966, en realidad solo conocíamos nueve planetas, todos ellos dentro de nuestro Sistema Solar.
Pero, tras 43 años, once películas, y una infinidad de capítulos repartidos en seis series de televisión (incluyendo una animada), nuestra lista de planetas descubiertos ha ascendido a 356, bueno para ser exactos a 355, porque el pobre Plutón dejó en el 2006 de ser considerado un planeta como tal. De esta lista, salvo los ocho planetas del Sistema Solar, el resto orbitan en torno a otras estrellas. Supongo que esta cifra aún se quedará corta con respecto al número de planetas visitados por la tripulación del Enterprise y naves afines a la flota estelar, pero la verdad es que dicho número tiene bastante merito, sobre todo considerando que solo han pasado once años desde el descubrimiento del primer
exoplaneta (planetas que orbitan en torno a otra estrella que no es el Sol) y que además no contamos con ninguna nave espacial con motor de curvatura para viajar por esos mundos de Dios.

Pero entonces, ¿cómo hemos podido descubrir tantísimo planeta desde este ridículo punto azul? ¡Pues con telescopios! dirán ustedes. Y estarán en lo cierto, pero no se crean que es tan fácil como hacer una foto de la estrella en cuestión con nuestro telescopio más potente y ¡ale!, ya tenemos una imagen de todos sus planetas. No, de hecho tan solo hay un caso donde tenemos algo parecido a la imagen directa de un
exoplaneta. El problema es la gran diferencia de brillo existente entre un planeta y su estrella progenitora. Sería como pretender hacer una foto a un mosquito posado sobre una brillante bombilla situada a kilómetros de distancia. Por este motivo, los astrónomos han tenido que agudizar el ingenio para buscar estos futuros aliados (o enemigos) de la federación.
El primer método exitoso fue el llamado “de las velocidades radiales”. Se basa en que (aunque parezca increíble) un planeta al orbitar en torno una estrella produce pequeñas variaciones periódicas en el movimiento de ésta (el mosquito logra mover la bombilla). Por un fenómeno muy conocido en física llamado efecto Doppler, estos cambios en el movimiento de la estrella se manifiestan en variaciones en el color de la luz que nos llega de ella. Su estudio nos permite no solo detectar
exoplanetas, sino además determinar un límite inferior para su masas, sus períodos de traslación, distancia media a la estrella, así como la excentricidad de sus órbitas.
Cuanto menor es el planeta o más lejos de la estrella orbita, menor es la variación de velocidad que produce en la estrella y más compleja es su detección. Por este motivo, la mayoría de los planetas descubiertos con este método son los llamados “júpiteres calientes”, planetas tan masivos o más que Júpiter y muy cercanos a la estrella.
El segundo método es el llamado de los tránsitos. Cuando un
exoplaneta transita entre la estrella y nuestra línea de visión bloquea parte de la luz que nos llega de ésta, como en un pequeño eclipse. Esta disminución del brillo de la estrella, aunque extremadamente pequeña, se puede detectar con telescopios terrestres, y sobre todo con telescopios fuera de la atmosfera de la Tierra, como la misión COROT, o la recién lanzada KEPLER, que permitirá detectar planetas similares en tamaño y masa a la Tierra.
Pero la cosa va a más. Cuando la luz de una estrella atraviesa la atmosfera de uno de sus
exoplanetas queda impresa en ella una huella, lo que denominamos espectro, que podemos analizar y que nos da información sobre los componentes químicos que contiene la atmosfera planetaria, y darnos alguna pista de si podemos catalogar el planeta como tipo M, es decir “factible de albergar procesos biológicos”, según la federación.
Se están desarrollando misiones que nos permitirán lograr las ansiadas imágenes directas de
exoplanetas. Para ello, hay que lograr eliminar la luz de la estrella, lo que se puede conseguir haciéndola interferir con ella misma, y para lo que es necesario poner toda una flota de telescopios en el espacio perfectamente coordinados y actuando como uno solo. Ahí es nada.
Parece que en las próximas décadas nuestra lista de
exoplanetas se hará casi tan larga como la de Star Trek, y casi igual de diversa. Otro cantar será salvar las enormes distancias para ir a visitarlos. De momento solo hemos logrado llegar a la luna, y de eso hace…cuarenta años.
AUTOR >> Emilio J. García